Emilia no se sentía bien, se sentía triste, desolada, había hablado con Sofía, su mejor amiga, esto la había dejado intranquila, no le había podido responder, ¿O no quería hacerlo?, ella temblaba, no de miedo, de angustia.

-No me contestaste.- dijo Sofía.
- No, y no lo pienso en hacer- respondió crudamente Emilia.
- ¿Porqué? ¿Qué hice yo para merecer esa respuesta?- dijo en tono sarcástico.
-Nada, exactamente eso fue lo que hiciste, nada. O mejor dicho no me apoyaste, lo único que yo esperaba era un simple abrazo, en cambio me dijiste todo un argumento en relación a lo que yo había hecho, por qué estaba mal, en que me había equivocado, yo no necesitaba eso.-
- ¿Eso dije?- la miró extrañada- ¿Estás segura? Y si es así, perdóname, no lo quise hacer.-
- Quizás no quisiste pero lo hiciste, y lo sigues haciendo- dijo esta al borde de las lágrimas- una y otra vez, una y otra vez, en cada historia, en cada anécdota, en cada problema que yo pongo ante ti, en todo sólo recibo observaciones “constructivas”-

Se separaron, Emilia no quería ver a Sofía, no lo soportaba, cómo podía vivir con tanto dolor, no dolor físico, si no un dolor que iba más allá de lo soportable, más allá. Emilia no la quería ver, para poder quererla, para poder angustiarse, llorar y por fin tranquilizarse. Abrazó una vez más a Evans, no quería desprenderse de él, él la protegía, le recordaba por qué seguía contando con Sofía, quizás le respondiera, pero en el fondo ella sabía que entendía todo.

Siempre era así, Emilia se enojaba, se sentía, dejaba de hablarle a Sofía, ella iba directo a abrazar a Evans, su mayor confidente y amigo, un muñeco que alguna vez Sofía le había regalado. Luego, pasadas unas cuantas horas Emilia se calmaba, aunque iba guardando un poco de rencor cada vez, en el momento en que volvía con Sofía el rencor desaparecía, el dolor ya no existía.

Esta vez había sido igual, sólo que se habían desatado todos los nudos de ese rencor guardado, había expuesto lo más profundo, no sabía si podría volver siquiera a hablarle, no lo sabía, pero como siempre lo intentaría. Decidió “perdonarla”, porque en el fondo no era culpa de Sofía, sino la suya, ella era la hipersensible, siempre lo había sido, le dolía admitirlo, pero al final lo hizo.

Emilia llegó donde Sofía, le pidió perdón, temblaba, temblaba por miedo, miedo a que esta vez no la perdonara. Tenía la mirada perdida, no quería mirarla. Se atropellaban las palabras en su boca, se le acalambraban las manos, empezaba a tartamudear, le costaba trabajo decir una sola línea coherente. Lo dijo confusamente, muchas veces, repitiendo lo mismo. -“P.. per..perdón, perdón, perdón y mi..mil veces perdón por haber sido tan pesada, no quise, no quería, lo siento, me equivoqué, te..tenias razón perdóname, perdón por mo..molestarte siempre, prometo que voy a tratar de cambiar eso…”-. Su corazón latía rápidamente, no sabía que esperar, por fin una respuesta:

- Pero Em ¿que onda? ¿Perdón por haber sido tan pesada?, ¿Cuando fuiste pesada?, cual es la intención ¿victimizarse?

No era la respuesta esperada, claramente era un signo de perdón, pero no era lo que ella esperaba. Se fueron felices, al menos eso aparentaban, juntas y felices, y comenzaron una nueva era de su amistad.

1 comentario:

Catalina Fernández dijo...

una cosa es tirar mensajes subliminales...que pasen piola
pero eso fue total y absolutamente explicito alusorio a mi.

no estoy enojada..en parte es chistoso sentirme tan identificada..pero creo q amerita una conversación

A LA CARA...que tendremos de vuelta.

perdón por ser tan racional..a veces no me queda mas opción que serlo.